El síndrome del león asustado, que no puede rugir sin paralizarse. muje para distraerse, para creerse vaca y rumiar pasto tranquilo. por lo mismo no escribo, por miedo a leerme y perder la cabeza, de empezar a llorar y no poder parar. me distraigo de mi mismo, de lo que soy capaz de lograr. Me distraigo de lo que puedo sentir porque tengo miedo de no soportarlo, despedazarme.
A los 30 años me confirmaron algo que temía, padezco de algo que se llama trastorno de personalidad limítrofe. soy Borderline y es la primera vez que lo escribo y no puedo evitar que se me mojen los ojos.
Eso significa que todo lo que percibo esta atravesado por ese cristal oscuro, todo lo que recibo del mundo me llega con un nivel de agresividad gigante, todo me confronta, me incita a responder a demostrar que no soy la mierda que yo mismo sentencio que el mundo me acusa. Todo el tiempo tengo la tarea de desarmar lo que me llega, contrastarlo con evidencia del mundo real y regular mis emociones para que no me dominen. Con la ayuda de la psicología y la gente que me quiere logré llegar a una meseta donde al menos mi daño hacia terceros está minimizado. A los únicos que sigo lastimando son a aquellas personas que quieren compartir conmigo su felicidad, a las sistemáticamente sigo alejando. La premisa de que no es el mundo el que me odia sino yo ya está internalizada, la creencia de que me merezco ser feliz todavía no y eso se destroza, porque veo desde adentro mío como si fuese público en una obra de teatro infantil como la vida se me escapa mientras me miro los pies, como las personas se dan por vencido conmigo y como si fuese una profecía autocumplida no puedo tolerar sentirme bien sin cagarla.
De tratar de vincularme sentimentalmente siempre el resultado es que la otra persona sea presa de mi inestabilidad emocional, mi inseguridad y los síntomas disociativos se contagian, la duda de no saber quién es la persona que tiene enfrente. También hubo momentos en donde no pude ver que lo que me hacía daño era yo mismo y muchas veces reaccioné con ira desmedida frente a situaciones que no lo ameritaban.
Este trastorno, como de la mayoría de las enfermedades mentales, tiene origen en la primera infancia. Todos fuimos frutos de distintos tipos de crianzas y a todos nos cagaron la cabeza, eso no me excusa, de hecho nada de esto lo hace, un diagnóstico no es una etiqueta, es un punto de partida a partir del cual puedo entender porque me pasa lo que me pasa. La mayoría de los ensayos que leí sobre la manera de establecer vínculos de las personas que padecen TLP hablan de abuso sexual a temprana edad y de tipo de apego inseguro junto a unos intensos temores de abandono. Cuando tenía 5 años viví una experiencia de abuso de la cual todavía no puedo poner todas las piezas en su lugar, mas de la mitad de mi vida viví pensando que había sido un mal sueño.
Los estudios también hablan de negligencia emocional en familias disfuncionales.
Nací el menor de 4 hermanos con una considerable diferencia de edad, lo cual alimentó la sensación de soledad, de estar creciendo sólo frente a la tele, la cual no paraba de alimentar que mi familia no me quería, que yo no estaba bien. Mi escisión de la realidad en la edad temprana me hacía inevitable no compararme con cualquiera de los modelos de familia que aprendía de la tele, donde expresaban sus emociones y se contenían. Sumado a eso está mi papá. A mi papá la vida le costó mucho, lo madre lo abandonó por ser producto de una relación casual y se crío sin figura paterna. Le cuesta mucho expresar sus emociones y las distintas experiencias que vivió lo llevó a endurecer sus gestos y mantenerse impávido frente a la vida, como si nada lo afectase para bien o para mal, excepto cuando se enojaba.
De vuelta, esto no me excusa para nada ni justifica la manera que soy. Sólo le da un marco desfavorable a un nene demasiado sensible que estaba atravezando situaciones emocionalmente complejas y no podía compartirlas con nadie, sólo se veía reflejado en lo que pasaba en la tele, y en la tele cada episodio se resuelve y en el próximo capítulo nunca más vuelven a hablar del tema.
Soy consciente del camino recorrido desde ese nene que le arrancaba los ojos a su peluche y después lloraba hasta poder escribir todo esto sin evadirme. Todavía mee desbordan las emociones pero lo hago para no ahogarme.
Les pido perdón, empatía y paciencia. alguna vez voy a poder mirarlos a los ojos y sonreír.
Los síntomas del trastorno límite de la personalidad pueden incluir:
- Esfuerzos frenéticos para evitar ser abandonados por amigos y familiares.
- Relaciones interpersonales inestables que alternan entre la idealización - "¡Estoy tan enamorado!" - y la devaluación - "la odio". Esto también se conoce como "escisión".
- Autoimagen distorsionada e inestable, que afecta al estado de ánimo, valores, opiniones, metas y relaciones.
- Conductas impulsivas que pueden tener resultados peligrosos, tales como gasto excesivo, sexo no seguro, abuso de sustancias o conducción temeraria.
- Comportamiento suicida y automutilación.
- Períodos de intenso estado de ánimo depresivo, irritabilidad o ansiedad que duran unas pocas horas o unos pocos días.
- Sentimientos crónicos de aburrimiento o vacío.
- Ira inapropiada, intensa o incontrolable, a menudo seguido de vergüenza y culpa.
- Síntomas disociativos: desconectarse de los pensamientos o sentimiento de identidad, o tener sensación de estar "fuera del cuerpo", e ideación paranoide relacionada con el estrés. Los casos graves de estrés también pueden provocar episodios psicóticos breves.
Dentro de los tipos de apego, los pacientes con TLP desarrollan un apego inseguro con mayor prevalencia (Sánchez & Vega, 2013; Steele et al., 2015). Este apego inseguro se relaciona con la insatisfacción sexual y la incapacidad para mantener los compromisos y/o la dependencia en las relaciones amorosas (Diamond & Meehan, 2013).
El estilo de apego inseguro es un aspecto nuclear del TLP debido a las dificultades interpersonales que experimentan los pacientes junto a unos intensos temores de abandono (Agrawal, Gunderson, Holmes & Lyons-Ruth, 2004; Bouchard et al., 2009; Bornovalova et al., 2005; Brüne et al., 2017; Navarro-Gómez et al., 2017).
Otra característica importante de este nivel estructural se presenta en los mecanismos de defensa propios de esta, pues estos se encuentran en un nivel de organización primitivo, estos son: la escisión, en el cual se percibe al objeto como completamente bueno o completamente malo; la idealización primitiva, las formas tempranas de proyección especialmente la identificación proyectiva que es usada para poder controlar y atacar al objeto antes de que este los destruya a sí mismos; la negación, y la omnipotencia y desvalorización, que posee una característica particular pues el objeto idealizado que está revestido de una protección contra los objetos malos persecutorios inicialmente cuando pasa a ser desidealizado se desvaloriza en proporción a la idealización inicial, es decir, a mayor nivel de idealización mayor nivel de desvalorización (Fossa, P. 2010).
La terapia con personas con TLP el establecimiento de límites deben ser claros ya que la prioridad es disminuir conductas de riesgos sociales y personales, es por esto que se le enseña a resolver de diferentes maneras los conflictos internos que se puedan generar en la cotidianidad, una de las claves es ayudarle a validar sus propias experiencias y decisiones, como alternativa a lo que siempre le ha supuesto un ambiente invalidante y a trabajar constantemente en la intensidad con las cuales expresa sus emociones.
Es importante trabajar en los niveles de introspección de los pacientes con TLP, pues esto puede influir notoriamente en la evolución o estancamiento del proceso psicoterapéutico, o en las reacciones que estos tengas frente a las situaciones que se les presenten en el diario vivir, llevando incluso a situaciones de autoagresión o agresión al otro, por eso ese autoconocimiento, el pensarse a sí mismo es tan necesario en los pacientes con TLP.
American Psychiatric Association., Kupfer, D. J., Regier, D. A., Arango López, C., Ayuso- Mateos, J. L., Vieta Pascual, E., & Bagney Lifante, A. (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales