Benito el vecino Clavadista
Anestesiado, la primer conbinación de presiones digitales sobre el teclado enchicletado. la mùsica me atraviesa pero, como si fuese una manguera de tela dura, seca por el sol, me cuesta hincharme, me cuesta hacerla carne, pasarla hacia los dedos, canalizarla, liberar toda la potencia, respirar, me cuesta respirar y mi cuerpo no para de agitarmela, como señalandome un tablero incendiado de luces rojas parpadeantes que en código morse gritan, HACE TE CAR GO.
Como una sucesión finita pero extensa de rayas y puntos estirandose en el espacio, como una arveja en un monitor de blanco y negro de carbono, cómo todo lo que existe en este plano de existencia, las formas de vida basadas en el carbono, todos necesitamos carbono para respirar, todos necesitamos carbones para masticar, para todo hace falta mastercard.
Mentira que nada no tiene un precio, todo repercute, todo se debita de algún lado, todo se pasea en la buhardilla de un conventillo ambulante, toso y se aleja (me acerco) meo y sangro. haciendo catarsis se atraviesan los desiertos de planos superpuestos a lo caballero del zoodíaco, sino, reconocerse en medio, es parpadear, es presumir el movimiento que nunca sucede. Entender que para esa lógica sólo existe una sucesión de momentos medibles como estáticos, como simulando la quietud, o dividiendo el tiempo en imperceptibles comas de un pestaneo, de un poroto, de una semana, de seis y un poquito, de nada.
y yo vaciando un pote de salsa tártara, testigo mudo de la lagrima ahogada en detergente blanco de cocina de solteros.
y esa puntada que me tira como anzuelo de La Boca que me quiere sacar del magma inerte de los pensamientos y sacarme a flote, sofocado por el aire, abombado por unos momentos, por una seguidilla de quietudes, fotos flotando de un pez en el aire, infinitud de quietudes medibles, instante de realidad non sana, de cuerdismo, de flan con worchesitester en la oreja.
y yo todavía sin abordar un carajo.
con el gato a cuestas y haciendo este simulacro de blog, que no me permite terminar de ser grotesco de decir darcenas de mierda, frascos de dientes de leche y hectáreas de cielo violeta, de riff conocidos, de sensaciones nuevas, de no permitirme ser pemeable, de no entender extender ni sentir ni vivir ni parir ni sufrir lo que vos sufris.
La voluta imperceptible, la falta de todos los mares, peces que aprendan a respirar sin agua, que todo el tiempo se ponga a prueba la teoría darwinista, que el mas fuerte me coma a mí si puede, que francescolli no sigue siendo el principe después de retirarse, que lo que tengo de machito lo tengo de ponce, mi tío Cambá, policia y peluquero y un mandarino derretido en mi regazo, con la cabeza goteando sobre mi rodilla, placebo de anhelos inconclusos, de timbres vacios, de sincronismos poperos, de marimbas fulminantes, del inevitable despertar, que me pide aparecer -cambio juez- que el que estuvo jugando todo el primer tiempo, la última semana bah, es uno de las inferiores y ya está para retirarse, no se corre nada, no se le corre una letra del cuaderno de comunicaciones, no pide la pelota, no se desmarca, y guay que cabecee que te la manda al corner de primera.